fotografía: Roberto Riberti

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José Ignacio, es un pequeño pueblo de pescadores y veraneo construido alrededor de un faro, ubicado sobre una península al borde del Océano Atlántico, en la costa uruguaya. En sus cercanías, esta ubicada esta casa de verano, entre jardines y casas aisladas. El solar se caracteriza por su pendiente – salva 15 metros de altura en 150 metros de largo- y diluye sus límites en relación a caminos, terrenos vecinos y playa. Desde allí la vista es franca y abierta hacia una bahía larga en el noreste, y hacia el faro, el pueblo, y las otras construcciones en el sudeste.

En la casa conviven dos escalas, diferentes y contrapuestas articuladas por pequeños patios y pasajes. La pendiente del techo se orienta inversa a la del terreno a fin de minimizar la relación de escala en el patio de entrada y acumular altura en las fachadas al mar de tal modo de exponer techos hacia la entrada y grandes paredes de piedra hacia la playa. Entrando al sitio desde el punto más alto, la obra permite ver el horizonte completo. Por debajo del horizonte se puede ver el techo de teja de textura continua cuyo color se funde con la arena, disparando la vista directo hacia el mar, anulando objetos próximos. Trazado entre las dos alas laterales del edificio y dos muros de contención en talud se aloja el gran patio de entrada. El sitio es muy ventoso, y desprovisto de barreras naturales, entonces el patio oficia de reparo protegido del sudeste por la casa, y abierto al oeste y al sol de la tarde. Desde este lugar la vista al mar se da a través de unos pocos vacíos y algunas coincidencias de ventanas. A partir de definir interiores aún sin techo, espacios acotados, de altura controlada y carácter domestico, se inscribe la piscina algunos escalones más abajo.

En el piso superior, a nivel del patio, la casa conforma una gran galería-balcón que orienta al noreste y sudeste, y es donde se sitúan los principales lugares de estar. El gran dintel por sobre las ventanas y el lado más alto del techo inclinado acota el interior y define su carácter. Las ventanas entre paredes, techos, aleros, enmarcan vistas distantes según proporciones diferentes. El borde de los vanos se ensancha para extenderse y recostarse más cerca del exterior. En la unión de las dos alas y algunos escalones por debajo del estar, se dispone una terraza expuesta al mar –y al viento- que duplica las funciones del interior con un techo de entramado de madera que similar al del comedor exterior filtra el sol del mediodía. El piso inferior levemente enterrado, aloja habitaciones pequeñas: dormitorios, servicios y salas, conformando los distintos niveles de la planta superior.

La construcción es tradicional y artesanal utilizando la variedad de granitos y calizas de la zona para paredes y pisos. Las paredes son macizas e independientes de ladrillos de campo o de piedra casi sin rectificar con junta perdida. Las estructuras de techos y las ventanas son de madera dura, en secciones grandes o conformadas y con simples detalles de unión. En el interior las divisiones se materializan con muebles o tabiques de pino pintado, y la envolvente es de revoque texturado. Paredes, techos y pisos cambian de material y tamaño más allá de los limites de cada lugar provocando ciertas continuidades.

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